Aconcha Sanz Averhoff nació en 1946 en la Habana (Cuba)
Todo cambió, y sin embargo, nada cambió. Cerca del Malecón, Aconcha acogía, a principios de los años 60, la Revolución Cubana. Esto supuso un “choque”: una nueva vida, con la mudanza con sus padres Eusebio y Mayeya ; a la Casa de las Américas (Casa de las Artes contemporáneas).
Allí ella tuvo un encuentro con las artes :
-La pintura con Roberto Matta, Julio Le Parc,
Antonio Saura, Wilfredo Lam, Mariano Rodriguez.
-La escritura con Nicolas Guillén, Lezama Lima,
Garcia Marquez…
-La música, Villa Lobos, José Antonio Mendez, Pablo Milanés…
“.Me abandoné, sin preocuparme del día siguiente,
y era tal mi embriaguez con todos estos acontecimientos, que no renocía mi Ser.
Durante 6 años de 1959 a 1965, me apropié con mis ojos de todo ello, llenando mi alma entera. Estaba
lista para mi primer "Vuelo": 1965 París.” A partir de 1965 se instala en Europa y
vive primeramente en Francia, va después a Portugal, y más tarde a Bélgica, para volver a Francia en la región du Haut Var donde vive actualmente. Nunca cortará sus vínculos con su país de origen,
Cuba, donde va muy a menudo.
Aconcha es una descendiente de una larga casta de antepasados venidos de Benín, perteneciendo a la etnia Yoruba donde la expresión artística es prodigiosamente rica, y abundante. A pesar del exilio forzado, sus antepasados guardarán todas sus tradiciones, rituales e iniciaciones que dejaron huellas profundas en las creaciones de Aconcha.. Su razón
de ser se caracteriza por su relación directa y consciente con sus raíces africanas:
los Orishas, esas energías que viven en el corazón de la naturaleza, con quienes ella establece un diálogo mágico. Su figuración es muy personal y se alimenta por la única fuerza del espíritu.
Criada en el circulo de la costura, rodeada de una abuela especialista en ”patchwork”, de una madre
modista y con una tía especialista en la magia de los colores en relación con la personalidad, Aconcha aprendió desde su joven infancia las mezclas de texturas, transparencia, puntos de costura y de colores. Su pasión por las mezclas de las fibras, le lleva a
intentar expresar el misterio de los mestizajes y
tejer los vínculos hacia sus antepasados.
Su trabajo de artista deriva en un mar de colores, de tejidos , de collages superpuestos y enmarañados de distintos materiales. A través de la exhuberancia de sus creaciones aparece y se unirá a la Mujer profunda, que es a la vez diurna y nocturna, Yin y Yang.
Señales secretas y sincréticas del rito Yoruba se camuflan en los personajes que invaden los cuadros
de Aconcha. Crea con total libertad pintura, escultura y dibujo. No quiere ser prisionera de un método. Sus motores son el encantamiento y el placer. Como una eterna
niña pinta para protegerse, para existir simplemente. |